Cada tres años, aparece un informe internacional que hace que todo el mundo hable de educación. Quizá esta se su mayor virtud: que al menos durante un corto periodo de tiempo parezca que la Educación tiene un interés nacional o mayúsculo.
Este informe es un estudio internacional realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que evalúa el rendimiento educativo de estudiantes de 15 años en matemáticas, lectura y ciencias. y proporciona datos comparativos sobre el desempeño educativo de diferentes países.
En esta ocasión, una vez más, España no sale bien parada, quedando en lugar 24-25 del ranking elaborado según los resultados. y si bien nos encontramos en la media europea, la realidad es que, desde 2015, hemos caído 15 puntos en Matemáticas, 22 puntos en Lectura y 8 puntos en Ciencias.
Y claro, como no suele ser de otra manera, los medios se llevan las manos a la cabeza ante los resultados. Miramos con cierta nostalgia hacia atrás, se comienza a dudar de las «nuevas metodologías», surge el rigor como solución temprana, la exigencia, a vuelta con los exámenes, y aparecen culpables que teníamos aparentemente olvidados como la inmigración, los docentes, el sistema, el mundo, el universo, el Covid, la guerra de Ucrania, etc.
En ese maremágnum de opiniones y juicios de valor, no miramos los resultados de manera que suponga un aprendizaje. En primer lugar hay quien polemiza sobre los resultados de Pisa puesto que de alguna manera se centran en evaluar habilidades específicas, lo que podría simplificar en exceso el rendimiento educativo y no tiene en cuenta la complejidad de otras habilidades y conocimientos importantes.
En segundo lugar, puede no considerar de manera adecuada el contexto socioeconómico así como existir una clara limitación de las áreas evaluadas al centrarse en matemáticas, lectura y ciencias, dejando de lado otras áreas educativas importantes como la expresión creativa, el pensamiento crítico, habilidades socioemocionales y tecnológicas. entre otras.
Por tanto, ¿no debería ser el aprendizaje algo más que la suma de matemáticas, lectura y ciencias?
¿Deberíamos conformarnos con un enfoque estandarizado cuando podemos cultivar la creatividad y la innovación a través de proyectos significativos?
¿No es esencial preparar a nuestros estudiantes para enfrentarse a los desafíos del siglo XXI, donde las habilidades sociales, emocionales y prácticas son tan cruciales como las académicas?
La falacia de retroceder
Si miramos el ranking, las clasificaciones, cual liga de futbol o Champions League, Singapur, sale «vencedora», junto a Japón, Macao, y Estonia, entre otros. Y asoma la pegunta de ¿qué hacen para estar arriba? Mas allá de complejas comparativas sociales y culturales, lo cierto y verdad es que esa pequeña ciudad estado aboga por no cargar de deberes a los alumnos, por repensar el currículo, reducir las horas lectivas, y apostar por métodos que invitan a la reflexión de los estudiantes y evitar aquellos basados en la memorización.
Y nuestra mirada, ¿es la acertada? La pregunta brota porque aparecen voces, sobre todo en Cataluña – hasta no hace mucho pionera en educación en España – acerca de abolir metodologías activas, aprendizaje basado en proyectos, e incorporar «parte institucional clásica» como solución ante el descalabro aparente.
Ante el capricho de desandar lo andado y la posible seducción por retroceder, sería interesante mencionar que ya John Dewey ( 1859-1952) -considerado uno de los pedagogos más influyente del siglo pasad -, abogada por un enfoque más práctico y experiencial en la educación, destacando la importancia del aprendizaje a través de la experiencia y la resolución de problemas. También Howard Gardner ha expresado su apoyo al ABP como una forma efectiva de involucrar a los estudiantes y permitirles desarrollar diversas habilidades; así como Seymour Papert, pionero en el campo de la educación y la inteligencia artificial, promovía el aprendizaje mediante la construcción de proyectos y la programación, argumentando que los estudiantes aprenden mejor cuando están activamente involucrados en la creación y resolución de problemas.
Por otro lado organizaciones como Edutopia y el Buck Institute for Education (BIE): han respaldado activamente el ABP así como otras metodologías activas.
¿Todo esto son nueromitos? ¿Estamos hablando de neuromodas educativas?
No. en absoluto. Existen múltiples estudios que respaldan la idea de que el Aprendizaje Basado en Proyectos es efectivo para mejorar el aprendizaje al fomentar la participación activa, el pensamiento crítico y la aplicación práctica de conocimientos:
- «Effects of Project-Based Learning on Students’ Academic Achievement» (Thomas, Mergendoller, Michaelson, 2000): Este estudio encontró que el ABP estaba asociado positivamente con un mayor rendimiento académico en comparación con métodos de enseñanza más tradicionales.
- «Project-Based Learning: A Review of the Literature» (Walker & Leary, 2009): Esta revisión de la literatura destacó que el ABP puede mejorar el rendimiento académico, la motivación y las habilidades de resolución de problemas de los estudiantes.
- «The Effects of Project-Based Learning on 21st-Century Skills and No Child Left Behind Outcomes: A Meta-Analysis» (Chung, 2014): Esta meta-análisis sugirió que el ABP tenía un impacto positivo en el desarrollo de habilidades del siglo XXI y en los resultados estandarizados requeridos por la ley «No Child Left Behind» en los Estados Unidos.
- «Project-Based Learning: A Pathway to Proficiency for English Language Learners» (Blumenfeld, Soloway, Marx, Krajcik, Guzdial, & Palincsar, 1991): Este estudio destacó cómo el ABP puede ser beneficioso para estudiantes que están aprendiendo inglés como segundo idioma.
Singapur, ¿copiar o adaptar?
Curiosamente Singapur, en su ultima reforma educativa, buscó cambiar la dinámica tradicional de enseñanza centrada en el maestro hacia un aprendizaje más activo y centrado en el estudiante:
- Menos contenido, más profundidad: En lugar de abordar una amplia cantidad de temas de manera superficial, se enfoca en profundizar en conceptos clave para garantizar una comprensión más sólida.
- Aprendizaje activo: Fomenta métodos de enseñanza que involucran a los estudiantes de manera activa, como discusiones, proyectos y resolución de problemas, en lugar de depender en gran medida de la transmisión pasiva de información por parte del maestro.
- Desarrollo de habilidades: Pone énfasis en el desarrollo de habilidades críticas como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la comunicación efectiva.
- Personalización del aprendizaje: Reconoce las diferencias individuales en el ritmo y estilo de aprendizaje, permitiendo una mayor personalización para satisfacer las necesidades de cada estudiante.
Este enfoque práctico y aparentemente sencillo adoptado por Singapur ofrece a la comunidad educativa global una fuente de inspiración invaluable. En lugar de simplemente optar por copiar o imitar, la verdadera esencia de esta transformación radica en adaptar estos principios fundamentales a nuestras propias realidades y contextos.
Si abogamos por profundizar en conceptos clave para permitir una comprensión más profunda y duradera; si promovemos la integración de métodos de enseñanza activos en nuestras aulas para facilitar discusiones que puedan transformar la experiencia educativa involucrando a los estudiantes de manera significativa; si además incluimos el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la comunicación efectiva como objetivos fundamentales en los planes de estudio, quizá entonces estemos dispuestos a preparar a los estudiantes para enfrentarse a los desafíos del mundo real, no solo a PISA.
Y ahora, ¿qué?
Mejorar los resultados en el Informe PISA implica abordar varios aspectos del sistema educativo. que no siempre los legisladores – aquellos que hacen leyes cada cuatro años para realmente no cambiar nada salvo el trabajo burocrático y extenuante de los docentes- están dispuestos a apostar:
- Revisión del currículo: Asegurarse de que abarque de manera integral las habilidades esenciales evaluadas por PISA, sin descuidar otras áreas educativas importantes como:
- Artes y Creatividad: fomentan la expresión creativa, el pensamiento crítico y la apreciación estética.
- Educación Cívica y Social: Para comprender la sociedad, los sistemas políticos y participar como ciudadanos responsables.
- Habilidades Socioemocionales: Desarrollar habilidades como la empatía, la resiliencia y la inteligencia emocional para el bienestar personal y social.
- Educación Física: Para promover la salud física y mental.
- Habilidades Tecnológicas: Dada la importancia de la tecnología en la sociedad actual, es fundamental desarrollar habilidades digitales.
- Enfoque en la equidad: Implementar políticas que reduzcan las disparidades socioeconómicas en el acceso a la educación y recursos, para que todos los estudiantes tengan oportunidades equitativas.
- Formación docente: Mejorar y facilitar la formación y desarrollo profesional de los docentes, brindándoles herramientas para adaptarse a las necesidades educativas cambiantes y fomentar métodos de enseñanza efectivos.
- Innovación educativa: Fomentar la innovación en las metodologías de enseñanza para hacer frente a las demandas cambiantes y motivar el aprendizaje activo y crítico.
- Apoyo a estudiantes en riesgo: Implementar programas de apoyo específicos para estudiantes en riesgo de rezago académico, abordando las necesidades individuales y proporcionando recursos adicionales.
- Énfasis en habilidades socioemocionales: Reconocer la importancia de las habilidades socioemocionales y promover programas que las desarrollen para mejorar el bienestar estudiantil y el rendimiento académico.
- Colaboración entre escuelas y comunidad: Fomentar la colaboración entre escuelas, padres, y la comunidad en general para crear un entorno educativo sólido y de apoyo.
De PISA también se sale.
Estas breves ideas, no pretenden marcar el final de una discusión, sino el comienzo de un diálogo continuo sobre cómo mejorar nuestro sistema educativo. Al colaborar, cuestionar y proponer soluciones podemos construir un camino hacia una educación más equitativa, integral e inspiradora para las generaciones futuras.
Las críticas al Informe PISA y las propuestas de acción presentadas aquí no buscan simplemente desacreditar, sino inspirar una reflexión profunda sobre el estado actual de la educación y el camino que podríamos tomar para mejorarlo. Mientras cuestionamos la validez y las limitaciones de PISA, también reconocemos la necesidad de buscar soluciones transformadoras, donde la reflexión y la acción conjunta sean las herramientas que nos permitan navegar hacia un futuro educativo más prometedor.