En la primera película de «Karate Kid» hay una escena donde el Sr. Miyagi enseña a Daniel-san las técnicas de karate a través de tareas aparentemente mundanas como «pulir cera y dar cera». Inicialmente, el alumno no entiende el valor de las acciones que le enseña su Maestro. No ve el fin de las mismas. El «para qué».
Sin embargo, el Sr. Miyagi consigue que su discípulo confíe en él, para que realice tareas aparentemente simples que puedan ayudarle a aprender karate. Este paralelismo refleja la importancia de confiar en la experiencia y sabiduría de los mentores, incluso cuando las lecciones parecen inusuales o irrelevantes en el momento. Asimismo, ilustra cómo los conocimientos y habilidades pueden no parecer aplicables de inmediato, pero con paciencia y práctica, se revela su utilidad y valor en el camino hacia el dominio de una disciplina o habilidad.
En muchas ocasiones, nos preguntamos como alumnos -porque alumnos en la vida somos todos – el valor de lo aprendido. La utilidad inicial de lo que nos enseñan. La importancia no la tiene el hecho de conocer la raíz cuadrada, en el sentido de si nos va servir en el futuro, sino el valor de cómo aprender hacer operaciones puesto que establece un nuevo tipo de cableado cerebral en la mente, una nueva forma de pensar y resolver problemas. Así que no se trata solo de lo aprendido, sino de las herramientas, métodos y estrategias que tuvimos que desarrollar para resolver el problema, que quizá no volvamos a usar en el resto de nuestra vida, pero sí que encontraremos otros problemas a resolver para los que será útil, como en ese caso, el pensamiento matemático.
El Maestro en la era digital y de la inteligencia artificial
Su figura sigue y será siendo fundamental. Aunque la tecnología nos brinda acceso a una cantidad masiva de información y recursos educativos, el papel del maestro como guía, mentor y modelo a seguir sigue siendo insustituible. Los maestros no solo transmiten conocimientos, sino que también fomentan habilidades como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la creatividad, que son difíciles de enseñar mediante algoritmos. Además, los maestros brindan apoyo emocional y motivación, aspectos que son esenciales para el éxito académico y personal. En un mundo cada vez más automatizado, la presencia y el impacto positivo de los maestros se vuelven aún más valioso, ya que ayudan a cultivar no solo el intelecto, sino también el carácter y la humanidad en los estudiantes.
El maestro como motivador y provocador de aprendizajes y emociones
Exactamente. Los maestros desempeñan un papel crucial como motivadores y provocadores de aprendizajes y emociones. Más allá de transmitir conocimientos, los maestros inspiran a los estudiantes a alcanzar su máximo potencial, los desafían a pensar de manera crítica y creativa, y los alientan a superar obstáculos. También son expertos en reconocer y responder a las necesidades emocionales de los estudiantes, brindando apoyo, empatía y orientación cuando sea necesario. En resumen, los maestros no solo enseñan materias, sino que también moldean mentes y corazones, ayudando a los estudiantes a desarrollarse no solo académicamente, sino también como individuos completos y conscientes.
Miyagi Vs Ordine. «La utilidad de lo inútil», o como «dar cera, pulir cera».
Desconozco si mi admirado Nuccio Ordine conocía esta escena, o si la tuvo en cuenta de alguna manera cuando escribió su ensayo «La utilidad de lo inútil».
Lo curioso es que en un mundo dominado por la lógica utilitaria y el pragmatismo, él argumentaba que la educación centrada únicamente en la formación profesional y en la obtención de habilidades técnicas descuida aspectos fundamentales del ser humano, como la reflexión, la creatividad y el pensamiento crítico. El Sr. Miyagui ofrece valores fundamentales como el respeto, la disciplina, la humildad y la perseverancia. Estos valores no solo son útiles en el contexto de un dojo o un torneo, sino que también tienen aplicaciones en la vida cotidiana. Lo que pretende el Sensei es el desarrollo integral de su alumno, tanto física como mentalmente, y fomentar habilidades como el autocontrol, la concentración y la autoconfianza.
Ordine, nos insiste en la importancia de la reflexión y la contemplación desinteresada. Es como si el Sr. Miyagi hubiera leído su obra, cosa harto improbable al ser un personaje ficticio, pero lo cierto y verdad es que su propuesta aparentemente contemplativa de pulir, encerar, sin un sentido directo u objetivo claro, reconoce un valor más profundo y trascendente que va más allá de la mera utilidad práctica, y lo grande de la propuesta es que finalmente, y de manera curiosa, si lo tiene.
Aquí yace pues la esencia de la sabiduría: en la aparente simpleza de «dar cera, pulir cera»
Y por tanto también el legado de la enseñanza auténtica: un recordatorio de que la verdadera sabiduría se encuentra en la intersección entre la simplicidad y la profundidad, entre la utilidad y la contemplación. Que aquellos que descansen aquí encuentren paz en el conocimiento de que su labor como Maestros nunca será olvidada, pues su influencia perdura en las mentes y corazones de aquellos a quienes guiaron y acompañaron en su camino hacia ningún lugar más que el suyo propio.