Repensar el acceso a la docencia: Un cambio de paradigma necesario

En las últimas décadas, los sistemas educativos han sido objeto de innumerables intentos de reforma. Sin embargo, la mayoría de estas indicativas han enfocado sus esfuerzos en las etapas más tempranas, dejando de un lado una cuestión esencial: ¿quienes son los encargados de formar a las futuras generaciones? En este articulo, se propone un cambio de paradigma: para trasformar realmente el sistema educativo, debemos empezar a redefinir el acceso a la profesión docente.

En un momento en que los sistemas educativos se enfrentan a desafíos cada vez más complejos, la calidad de los docentes emerge como el factor más determinante en el aprendizaje de los estudiantes. Sin embargo, muchas reformas educativas han priorizado cambios en los currículos o metodologías diversas, dejando de lado un aspecto crucial: la formación, selección y desarrollo profesional de los docentes. Es momento de plantear un cambio de paradigma que situé all profesor como eje central del sistema educativo, siguiendo de alguna manera modelos como los de Finlandia o Escocia, entre otros.

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Diagnóstico inicial del sistema

En muchos países, el camino hacia la docencia está dividido en dos rutas principales: a través de Magisterio para la enseñanza de infantil-primaria, o bien otras disciplinas universitarias complementadas con un máster o certificación, para la etapa correspondiente a secundaria y bachillerato. Esto genera una fragmentación que dificulta la creación de una identidad docente cohesionada, y en consecuencia, afecta a la percepción social de la profesión.

El desafío actual

Los informes más destacados, como el estudio de Mckinsey «Cómo hicieron los sistemas educativos de mayor rendimiento para mejorar», han demostrado que los mejores sistemas educativos no solo reclutan a los docentes mas talentosos, sino que también les ofrecen una formación coherente y de alta calidad. Entonces, ¿por qué no avanzar hacia un modelo de formación unificada que prepare a los docentes para sepan enfrentarse a los desafío de cualquier etapa educativa?

Linda Darling-Hammond, en su obra Preparing Teachers for a Changing World (2005), señala que los sistemas educativos más efectivos son aquellos que consideran la formación docente como un proceso integral, donde la teoría y la práctica se entrelazan en un marco coherente.

La importancia de unificar la formación docente

Unificar la formación docente implica integrar en una sola carrera conocimientos pedagógicos, didácticas y disciplinarios. Esto aparentemente permitiría a los futuros docentes contar con una base sólida para trabajar en cualquier nivel educativo, reduciendo la brecha existente entre primaria y secundaria, por ejemplo.

El informe McKinsey subraya que los países con los mejores sistemas educativos selecciona a sus docentes entre el 30% superior de los graduados. Pero no se trata solo de seleccionar a los mejores, sino de brindarles una formación que este a la altura de las exigencias y responsabilidades del siglo XXI. Un modelo de carrera unificada, haría posible una transición fluida entre niveles educativos y fomentaría una identidad docente cohesionada.

El mejor modelo de acceso a la profesión docente: Un enfoque integrado

Un posible modelo podría tomar como referencias a Finlandia, Escocia, Corea o Singapur entre otros, adaptándolos a nuestra realidad, y debería al menos integrar:

  1. Selección rigurosa y vocacional, el acceso a la carrera: Combinar criterios académicos exigentes con evaluaciones de habilidades interpersonales y motivación para asegurar que los candidatos no solo sean competentes, sino que también tengan vocación para enseñar. De hecho debería ser que aquellos que pretenden acceder a la carrera docente fuera los que tuvieran las mejores calificaciones previas al acceso universitario.

    También, se podrían contemplar pruebas escritas sobre habilidades de comprensión lectora, conocimientos generales y razonamiento critico, así como las habilidades interpersonales y la capacidad para trabajar en equipo.
  2. Formación docente unificada y extensa: Eliminar el acceso a la profesión tal y como está concebido ahora, es decir, que hubiera «La Carrera de Profesor» por así decirlo, y que integrara conocimientos pedagógicos, psicológicos y disciplinarios de aquellas materias que se quiera enseñar (Matemáticas, Lengua, etc…) En otras palabras que se incluyera en el currículo psicología educativa, desarrollo infantil, estrategias de enseñanza y aprendizaje, y metodologías activas, entre otras

    Que además existiera la especialización disciplinaria: los estudiantes eligen una o más materias específicas, como matemáticas, ciencias o idiomas, según el nivel educativo en el que planean enseñar. Y por supuesto que incluyera la Investigación educativa, realización de investigaciones que preparan a los docentes para reflexionar críticamente sobre su práctica y mejorarla.

    Por supuesto, un rediseño más exhaustivo de las prácticas, que fueran como laboratorios educativos, con «feedback» continuo por parte del mentor correspondiente.
  3. Desarrollo profesional continuo: Establecer un sistema de formación continua ligada a la aplicación en el aula.
  4. Autonomía profesional desde el inicio: Confiar en los docentes como expertos en sus campos, permitiéndoles diseñar estrategias que respondan a las necesidades de sus estudiantes.

Estas propuestas no se alejan en exceso del modelo Finlandés. Según Pasi Sahlberg en Finnish Lessons (2011), todos los docentes, desde infantil hasta secundaria, deben completar un máster en Educación, que combina teoría pedagógica, especialización disciplinaria y extensas prácticas supervisadas en escuelas normales. Este enfoque asegura que los docentes sean expertos tanto en el contenido que enseñan como en las estrategias para transmitirlo. Además, el acceso altamente selectivo a los programas de formación docente refuerza la percepción de la profesión como una de las más prestigiosas del país.

Esta propuesta no solo busca mejorar los resultados educativos, sino también construir un sistema que valore y dignifique la profesión docente. Como demuestra las investigaciones de John Hattie (Visible Learning, 2009) los profesores con una formación sólida y un desarrollo profesional constante generan impactos significativos en el aprendizaje de los alumnos,.

¿Y como resultar atractivo y retener talento?

Que la profesión docente sea un lugar apetecible y sugerente, que la vocación imprescindible no se destruya desde el inicio y a lo largo del desarrollo profesional, requiere un enfoque integral que aborde los factores intrínsecos (satisfacción personal, impacto social, motivación..) como los extrínsecos (condiciones laborales, prestigio social, etc.)

  • Incrementar el prestigio social de la profesión
  • Reducción de la carga administrativa: Limitar las tareas burocráticas para que los docentes puedan concertarse en la enseñaran y el aprendizaje de los alumnos, y en el suyo propio.
  • Reducción de la ratio en las aulas
  • Mejorar el entorno de trabajo
  • Incentivar la innovación y la creatividad
  • Opciones de movilidad profesional: Crear trayectorias alternativas para que los docentes puedan avanzar en sus carreras, ya sea como líderes escolares, investigadores educativos o expertos en políticas, o incluso en otros ámbitos mas allá del educativo.

Conclusión: la revolución comienza en las aulas, con los maestros

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Los docentes son el corazón del sistema educativo, los escultores silenciosos de futuros ciudadanos, los héroes cotidianos que, con sus palabras y acciones, moldean el porvenir de la sociedad. Puede sonar cursi e incluso relamido, sin embargo, en demasiados lugares, su labor se percibe como una rutina desgastante más que como un acto transformador. Es hora de cambiar esa narrativa.

Si queremos atraer y retener a los menores talentos en la profesión conectes, necesitamos algo más que plagaras: necesitamos acción. Hacer de la docencia una carrera deseada y dignificada no solo beneficiará a quienes enseñan, sino tambien a quienes aprenden., Como señala Linda Darling-Hammond, «los profesores no solo impactan vidas, moldean sociedades»

No es por tanto una utopía pensar en un sistema donde los docentes sean seleccionados por su vocación y formados con rigor como en Finlandia. Donde sus condiciones laborales reflejen la importancia de su labor, como en Singapur. Donde puedan innovar, liderar y crecer , como en Escocia. Porque un maestro valorado es un maestro motivado, y un maestro motivado puede cambiar el mundo, aula por aula.

¿Y qué futuro queremos para nuestras escuelas, para nuestros niños, para nuestra sociedad? Uno donde ser docente no sea una opción secundaria, sino el sueño de los mejores y más comprometidos. Hacerlo realidad no solo es una cuestión de política educativa; es una cuestión de voluntad colectiva, de reconocer que invertir en nuestros maestros es invertir en la humanidad misma.

Y exigir también. Reclamar que quien se acerque el aula sea el mejor de los mejores posibles. Tiene en sus manos la vida de muchos.

La revolución educativa no comenzará en los pasillo de los ministerios ni en los discursos vacíos, sino en las aulas, en las mentes y los corazones de los docentes. Pero no es menos cierto que quien legisla el acceso a la profesión es responsable de la misma.

Bibliografía

  1. Michael Fullan 
    • The New Meaning of Educational Change, 2016
    • The Principal: Three Keys to Maximizing Impact (2014)
    • Stratosphere: Integrating Technology, Pedagogy, and Change Knowledge (2012)
  2. Linda Darling-Hammond
  3. Pasi Sahlberg 
  4. Andreas Schleicher 
  5. Simon Breakspear
  6. Ken Robinson
  7. McKinsey & Company,
  8. John Hattie
    • Visible Learning for Teachers: Maximizing Impact on Learning (2012)
    • Visible Learning: A Synthesis of Over 800 Meta-Analyses Relating to Achievement (2009)

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